¿Quién eres?

Algo viejo para la realidad.

Anuncios

Me pregunto si mientes… ¿mientes? Si en tu cara rojiza y tu mirada de póquer hay miedo y pena.

Me pregunto si eres falso cuando sonríes, no de esa falsedad consciente, malévola, no, sino de aquél fingir soñador, del deseo de que todo se sienta vivo, como antes.

Me pregunto si lloras, si tus lágrimas te ahogan en la soledad de una pieza vacía, rodeado de miles de TÚS, felices e inexistentes, recibiendo las punzadas que esta pared afilada ha preparado cuidadosamente para tí.

Quisiera saber si hay melancolía detrás de tu humor sarcástico, la necesidad eterna de experimentar algo que no sea nada, el ciclo imparable de pensamientos obtusos, oscuros e inútiles jugando a la ronda en tu cabeza.

¿Has llegado a ser conciencia, a entender nuestra soledad? Resignación a la aventura de hacer lo mismo cada día y pretender ser especial.

Me pregunto si la tortuosa muerte de la paleta de agua te hace reír, si de verdad te divierte el vuelo asustadizo de las palomas, si te hacen gracia las lágrimas de los niños.

¿Habrá algo verdadero? ¿somos capaces de reconocernos más allá de los sueños? Única realidad conocedora de nuestro fervoroso y agrietado ser.

Hay un sabor casi imperceptible en tus manos, bajo esa capa de sudor de arena, de picnics y amigos fabricados… percibo un olor a humanidad, siento gotas de verdad que despide tu alma, marchando al son de la derrota por el sendero de la mediocridad.

Abrupto, abrupto, torpe y de golpe es tu vida.

¿?

Es inevitable cuestionarme el propósito de todo esto: vivir lo mismo una y otra vez en la rareza de los pequeños cambios de la rutina. Mi realidad es diferente pues cada minuto hay un yo nuevo enmarcado en las nimiedades de la realidad, de los horarios y de las costumbres que sólo existen para esclavizarme… a lo que debo decir que lo han logrado con éxito. Ser libre es una constante lucha contra la aceptación de una vida banal y absurda, una eterna resistencia a la regularidad de un corazón vacío, una protesta airada en el silencio de la desesperación por no ser inexistente… prescindible. 

Todos somos prescindibles, sin embargo es difícil entenderlo y aún más aceptarlo. Anhelamos una eternidad vacía en la mente de quienes nos aman cuando claramente sabemos que el amor es inconstante, etéreo, gaseoso: Existe pero no está, intentas tocarlo y desaparece, lo sientes y te envenena. Nunca estaremos satisfechos con nada, pues nuestro fin en esta tierra es buscar la felicidad, entonces ¿qué más buscarás cuando la hayas encontrado? Somos seres errantes, eternamente inconformes, deseando una perfección que únicamente existe en nuestro mundo de conexiones cerebrales donde somos merecedores de la sonrisa infinita; el único lugar donde todo tiene sentido, el único escenario que podemos transformar.

Y entonces me pregunto: ¿Qué hacemos aquí?

Pregunta compleja cuya respuesta hallaré el día en que mi alma deje este mundo. Claro, contando con el hecho de que haya un verdadero propósito y sobretodo una vida después de la muerte, pues deprimente sería hacer una pregunta sin respuesta o conocer dicha respuesta cuando ya no puedes reescribir la vida. Somos cíclicos e ignorantes, escépticos y fanáticos; somos una perpetua contradicción, una ironía ininteligible que sólo un ser in-existente entiende y disfruta. No queda más que vivir con la plena conciencia de la ignorancia, asombrado como quien admira un cuadro hermoso sin comprenderlo, como quien se deleita con una melodía que ronda en su mente sin saber de dónde proviene. ¿Se es libre en la ignorancia? No sé, respiro cada segundo tratando de averiguarlo.