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Te has vuelto poema amor mío
Te has vuelto belleza
Te has vuelto las olas que persigo
cada día en la playa.
Te has vuelto la casa que imaginé
Al ver a esa pareja en la mesa, ¿Recuerdas?
El con sombrero y corbata
Y ella con su vestido vintage
Evocando a Barranquilla en los 50`s.
Te has vuelto el olor a grama
Y a aurora
Y a arena.
Te has vuelto el grito de un loco
Y las miradas incrédulas de los irreales.
Te has vuelto un baile coqueto
Y la sorpresa de un truco mágico,
Te has vuelto una mordida
Un dolor y rabia
Y a la vez, una sonrisa.
Te has vuelto, amado, la brisa
La necesidad de sentirla una calurosa tarde
De un seco verano.
Te has vuelto rostros en las nubes
Te has vuelto días soleados
Te has vuelto saltos en muros
Te has vuelto belleza amigo
Y más que todo
Te has vuelto poesía.

CELOS

Celos tengo de ti,
de tu voz que excita
y lleva al éxtasis a todas ellas
excepto a mí.
Celos tengo de ti,
de tus manos que acarician
y que hacen gemir a todas ellas
excepto a mí.
Celos tengo de ti,
de tus ojos que invitan
y que enamoran a todas ellas
excepto a mí.
Celos tengo de ti,
de tu boca que provoca
y que hace suspirar a todas ellas
excepto a mí.
Celos tengo de ti,
de tu lengua que penetra
y que baila en todas ellas
excepto en mí.
Celos tengo de ti,
de tu voz, de tus manos,
de tus ojos, de tu boca
y de tu lengua,
que las ama a todas ellas
excepto a mí.

A VECES

A veces… pienso que nada es suficiente y
que mi apetito voraz se muere
mientras veo la vida pasar.
A veces… me pierdo entre la gente
sintiendo la pena que no fallece
y que te obliga a crear.
A veces… la pasión se vuelve tormenta
incontrolable y a la vez lenta
cuando tu piel suavemente me roza.
A veces… creo ser un ser infinito
atrapado en un cuerpo mortal y maldito
que resucita al ver al agua danzar.
A veces… soy yo quien te pertenece
y sé que mis palabras desaparecen
porque tu lengua se lleva todo mi manjar…

El por qué.

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Empezar, de comenzar, de tener plena conciencia de haber tomado un lápiz y escribir, no creo que lo recuerde. De hecho, no creo siquiera que eso exista. No hay un por qué, al menos no en el sentido de la lógica.

Escribir es una necesidad, un instinto que nace contigo y que te empuja a ser creador, a crearte a tí mismo a través de palabras malogradas y textos empobrecidos y rústicos. Un impulso salvaje de aniquilar la nimiedad como concepto inútil y volver lo simple algo mágico.

No se es razonable al escribir, no se escribe por decisión propia, sino por un llamado. Es el alma que se ahoga, que trata de salvarse y te lanza un grito desgarrador a través del lápiz, un grito que te obliga a ser creador de nuevas leyes, de nuevas vidas.

Es por esto y quizás no por eso, que escribo.