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Es inevitable cuestionarme el propósito de todo esto: vivir lo mismo una y otra vez en la rareza de los pequeños cambios de la rutina. Mi realidad es diferente pues cada minuto hay un yo nuevo enmarcado en las nimiedades de la realidad, de los horarios y de las costumbres que sólo existen para esclavizarme… a lo que debo decir que lo han logrado con éxito. Ser libre es una constante lucha contra la aceptación de una vida banal y absurda, una eterna resistencia a la regularidad de un corazón vacío, una protesta airada en el silencio de la desesperación por no ser inexistente… prescindible. 

Todos somos prescindibles, sin embargo es difícil entenderlo y aún más aceptarlo. Anhelamos una eternidad vacía en la mente de quienes nos aman cuando claramente sabemos que el amor es inconstante, etéreo, gaseoso: Existe pero no está, intentas tocarlo y desaparece, lo sientes y te envenena. Nunca estaremos satisfechos con nada, pues nuestro fin en esta tierra es buscar la felicidad, entonces ¿qué más buscarás cuando la hayas encontrado? Somos seres errantes, eternamente inconformes, deseando una perfección que únicamente existe en nuestro mundo de conexiones cerebrales donde somos merecedores de la sonrisa infinita; el único lugar donde todo tiene sentido, el único escenario que podemos transformar.

Y entonces me pregunto: ¿Qué hacemos aquí?

Pregunta compleja cuya respuesta hallaré el día en que mi alma deje este mundo. Claro, contando con el hecho de que haya un verdadero propósito y sobretodo una vida después de la muerte, pues deprimente sería hacer una pregunta sin respuesta o conocer dicha respuesta cuando ya no puedes reescribir la vida. Somos cíclicos e ignorantes, escépticos y fanáticos; somos una perpetua contradicción, una ironía ininteligible que sólo un ser in-existente entiende y disfruta. No queda más que vivir con la plena conciencia de la ignorancia, asombrado como quien admira un cuadro hermoso sin comprenderlo, como quien se deleita con una melodía que ronda en su mente sin saber de dónde proviene. ¿Se es libre en la ignorancia? No sé, respiro cada segundo tratando de averiguarlo.

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El por qué.

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Empezar, de comenzar, de tener plena conciencia de haber tomado un lápiz y escribir, no creo que lo recuerde. De hecho, no creo siquiera que eso exista. No hay un por qué, al menos no en el sentido de la lógica.

Escribir es una necesidad, un instinto que nace contigo y que te empuja a ser creador, a crearte a tí mismo a través de palabras malogradas y textos empobrecidos y rústicos. Un impulso salvaje de aniquilar la nimiedad como concepto inútil y volver lo simple algo mágico.

No se es razonable al escribir, no se escribe por decisión propia, sino por un llamado. Es el alma que se ahoga, que trata de salvarse y te lanza un grito desgarrador a través del lápiz, un grito que te obliga a ser creador de nuevas leyes, de nuevas vidas.

Es por esto y quizás no por eso, que escribo.