CELOS

Celos tengo de ti,
de tu voz que excita
y lleva al éxtasis a todas ellas
excepto a mí.
Celos tengo de ti,
de tus manos que acarician
y que hacen gemir a todas ellas
excepto a mí.
Celos tengo de ti,
de tus ojos que invitan
y que enamoran a todas ellas
excepto a mí.
Celos tengo de ti,
de tu boca que provoca
y que hace suspirar a todas ellas
excepto a mí.
Celos tengo de ti,
de tu lengua que penetra
y que baila en todas ellas
excepto en mí.
Celos tengo de ti,
de tu voz, de tus manos,
de tus ojos, de tu boca
y de tu lengua,
que las ama a todas ellas
excepto a mí.

El por qué.

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Empezar, de comenzar, de tener plena conciencia de haber tomado un lápiz y escribir, no creo que lo recuerde. De hecho, no creo siquiera que eso exista. No hay un por qué, al menos no en el sentido de la lógica.

Escribir es una necesidad, un instinto que nace contigo y que te empuja a ser creador, a crearte a tí mismo a través de palabras malogradas y textos empobrecidos y rústicos. Un impulso salvaje de aniquilar la nimiedad como concepto inútil y volver lo simple algo mágico.

No se es razonable al escribir, no se escribe por decisión propia, sino por un llamado. Es el alma que se ahoga, que trata de salvarse y te lanza un grito desgarrador a través del lápiz, un grito que te obliga a ser creador de nuevas leyes, de nuevas vidas.

Es por esto y quizás no por eso, que escribo.