Semana Santa

1.

Anuncios
El aire habla de hacer arte

En medio de la desierta ciudad,

Voces tímidas detrás de las ventanas

Ansiosas por salir a bailar.



El olor a trago y a incienso se unen

Como amantes en un hotel,

Rezos, risas y gemidos liberados

Se pierden en las calles de un ayer



Que no está claro y no es lejano,

Que no se escuda en la soledad,

Vive en las rodillas penitentes

Y en los pañuelos con sabor a sal.




La luz toca los cuerpos muertos

De almas viviendo la resurrección

De la música y las pinturas mesiánicas

En el guayabo de la crucifixión.



Languidecen los rostros santos

Mientras florece el ser real

Iluminado en el drama confuso

Enaltecido en la irrealidad



De las mentiras del paganismo

Que dibujan las verdades del deseo;

Búsqueda incesante del abismo

De un reflejo de sí mismo en el espejo.



Descansa la humanidad hundida

En el pecado y la salvación,

Reposa serena la vida mía

En el placer de la observación.

CELOS

Celos tengo de ti,
de tu voz que excita
y lleva al éxtasis a todas ellas
excepto a mí.
Celos tengo de ti,
de tus manos que acarician
y que hacen gemir a todas ellas
excepto a mí.
Celos tengo de ti,
de tus ojos que invitan
y que enamoran a todas ellas
excepto a mí.
Celos tengo de ti,
de tu boca que provoca
y que hace suspirar a todas ellas
excepto a mí.
Celos tengo de ti,
de tu lengua que penetra
y que baila en todas ellas
excepto en mí.
Celos tengo de ti,
de tu voz, de tus manos,
de tus ojos, de tu boca
y de tu lengua,
que las ama a todas ellas
excepto a mí.

El por qué.

This is the post excerpt.

Empezar, de comenzar, de tener plena conciencia de haber tomado un lápiz y escribir, no creo que lo recuerde. De hecho, no creo siquiera que eso exista. No hay un por qué, al menos no en el sentido de la lógica.

Escribir es una necesidad, un instinto que nace contigo y que te empuja a ser creador, a crearte a tí mismo a través de palabras malogradas y textos empobrecidos y rústicos. Un impulso salvaje de aniquilar la nimiedad como concepto inútil y volver lo simple algo mágico.

No se es razonable al escribir, no se escribe por decisión propia, sino por un llamado. Es el alma que se ahoga, que trata de salvarse y te lanza un grito desgarrador a través del lápiz, un grito que te obliga a ser creador de nuevas leyes, de nuevas vidas.

Es por esto y quizás no por eso, que escribo.